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CARTA DEL DIRECTOR

 11NOV art 1

Sobre la enseñanza de la Historia

y el momento político

Aunque casual, muy oportuno resulta, en este momento, recordar las enseñanzas de Josep Fontana: lo que denuncia Fontana hay que leerlo como vacilaciones de los Estados en su afán de parecer lo que realmente no son. Es en este sentido, él se refiere al uso público de la historia como una preocupación especial del Estado- Nación, que advino en sustitución de los regímenes feudatarios ya en el siglo XIX. Desde entonces, hasta ahora, esta preocupación no ha dejado de acentuarse, sino, más bien, se ha extendido a todos los campos del saber.

“Los gobiernos decidieron vigilar estrechamente los contenidos que se transmitían en la enseñanza, porque eso de la historia, como dijeron en su momento tanto la señora Thatcher como Nikita Jruschov, que al menos en esto coincidían, era demasiado importante como para dejarlo sin vigilancia en manos de quienes se dedican a la enseñanza.”

Bien podríamos preguntarnos hoy, ¿Qué tanta relevancia tiene el acontecer histórico de nuestra sociedad en el campo de las ciencias sociales, como objeto de estudio y análisis?, ¿De qué se ocupan ahora los textos escolares?, ¿Qué tanto conocen nuestros educandos de elementos causales de su propia realidad?, ¿Sigue cumpliendo la enseñanza de Historia una función legitimadora y de imposición de valores que los estados se permiten imponer según el modelo que estos representan? ¿Hasta dónde vale, entonces, hablar de una sociedad en crisis, cuando es la misma sociedad, la que legitima la existencia del Estado que construye y sostiene la crisis en que esta se ve subsumida?, ¿Hasta dónde ella puede reconocer un problema fundamental en los valores, que en el devenir de la vida social se imponen como propios?, ¿Cómo podría ella salirse de sí para mirarse y, si es posible, asumir su transformación?

Como dijo Paul Nizan, “el estado laico quiso hacer del maestro el reemplazante del sacerdote, tratando de que tuviese en la sociedad burguesa, la función que el cura había cumplido en beneficio del régimen feudal y de la monarquía.” Los conceptos tomados por Fontana de gobernantes y expertos revelan la importancia de la educación en cuanto a posibilitar o no procesos de dominación, más que de gobierno, como es lo que se sigue en las mal llamadas democracias que vivimos. Estos conceptos permiten concluir que no es tan cierto que la educación pública sea una preocupación fundamental de los gobiernos, en sociedades como las nuestras que dan cuenta de por qué la mediocridad que se mantiene en los primeros niveles de la formación, llegando hasta el bachillerato.

Toda la disputa que se ha tenido, hasta ahora, sobre la Evaluación de carácter diagnóstico-formativa –ECDF-, no tiene otra explicación fundamental, sino que, al Estado y a toda la organización subsidiaria de éste en la sociedad, le sirve la mediocridad de la enseñanza y la excelencia, no en el conocimiento, sino en la obediencia de los docentes, por eso se los mantiene a régimen – mal pagados y, en extremo, subordinados-, aun cuando tiendan a creer, a veces, que obran con autonomía.

En Colombia, la censura nos está llegando como autocensura, dirimiendo e imponiendo, por encima de los maestros, formas recortadas o engañosas de lo esencial de esa formación; es decir, que tenga carácter diagnóstico-formativo. Todo en un juego vulgar de “reconocimiento”-desconocimiento, que los maestros pueden desvelar y combatir, solo con una buena formación que, para ser tal, ha de serempoderante de sí.

Es eso, exactamente lo que pasa hoy en nuestro país y lo que tendríamos que enfrentar y derrotar si, de verdad quisiésemos hacer de la escuela “un territorio de Paz”. Se nos quiere imponer una visión de nuestra realidad, y la Escuela es considerada como el instrumento ideal para ello. Hacia allá es hacia donde se mueve lo que se gestiona en el MEN, por eso la inutilidad de transar con ellos en este sentido.

Lo que habría que hacer en el campo de las ciencias sociales sería aplicarnos responsablemente a la observación y el estudio de nuestras sociedades para, con los educandos y las comunidades, podernos asumir en un proceso crítico, deconstructivo y reconstructivo de nuestro ser social, con o sin el consentimiento del poder estatal. ¡A pensar por su cuenta!, es a lo que hay que incitar a todos y todas, sin tragar entero. Pero, para pensar por cuenta propia, se necesita una dosis, no de conformismo, sino, de desconfianza y valor que solo puede derivarse de un conocimiento fundamentado de la propia realidad.

Ahí está la clave de la libertad que requerimos para nosotros mismos y para nuestro pueblo. Tan sencillo como importante. La gran dificultad estriba en que, si lo vas a hacer, tendrás que hacerlo bien y para ello, tendrás que propugnar siempre, por alcanzar una excelente formación en los saberes que enseñas y en la pedagogía. Esta última, porque te permite definir cómo hacer con cada grupo humano y cada individuo.

 

Carlos Enrique Rivas Segura

Presidente de FECODE