CARTA DEL DIRECTOR

27052021 articulo1Con un saludo solidario y combativo, en mi condición de nuevo presidente de FECODE, qué mejor oportunidad en esta edición, homenaje al Maestro Abel Rodríguez Céspedes, para decirle al magisterio colombiano que la unidad y el compromiso histórico del Comité Ejecutivo actual, son una garantía de continuidad y fortalecimiento del Movimiento Pedagógico iniciado en 1982 y ratificado en todas las asambleas que se han llevado a cabo desde entonces.

La defensa de la educación pública como derecho fundamental, la lucha por la dignidad del magisterio y por el reconocimiento de su saber pedagógico a la hora de tomar decisiones de política pública, el fortalecimiento de la investigación en las regiones para comprender las condiciones de trabajo, los aportes de transformación curricular y la construcción de la Escuela Territorio de Paz, la posición crítica y reflexiva pero también propositiva y alternativa para cumplir con los fines de la educación consagrados en la Ley 115 de 1994 y la interacción permanente con los padres de familia y la sociedad, siguen siendo un horizonte que da sentido a nuestra tarea, porque ellas fijan el rumbo y movilizan acciones a nivel nacional y regional.

Desde la presidencia de FECODE, y en una sola voz con el Comité Ejecutivo, hago un llamado urgente a los más de 300.000 afiliados, a los investigadores y académicos, a las facultades de educación, las Escuelas Normales, a las organizaciones populares y a los movimientos alternativos para ensamblarnos en el gran proyecto cultural, pedagógico y político que es el Movimiento Pedagógico, que ya tiene alcance internacional en toda Latinoamérica.

Ante la ofensiva gubernamental contra FECODE y la alianza descarada de los sectores más retardatarios en el poder, que acuden al desprestigio de la mayor organización sindical del país y a la culpabilización del magisterio por las carencias que la pandemia ha descubierto en el sistema educativo, es preciso levantar con mayor fuerza las tesis del Movimiento Pedagógico.

Los tiempos han cambiado, ya no somos los maestros de finales del Siglo XX sino los nuevos sujetos políticos, cualificados y empoderados en las comunidades, conscientes de nuestra dignidad como profesionales de la pedagogía y trabajadores de la cultura, convencidos de que la educación es la alternativa para la formación humana en todas sus dimensiones y no solamente en función del desarrollo económico, sino de una mejor sociedad.

Según el Consejo Nacional de Acreditación (CNA), existen hoy 26 programas de Doctorado y 269 programas de Maestría en Educación con registro calificado o acreditación de alta calidad. Esto es muy significativo como evidencia de la cualificación de los y las docentes de todo el país que realizan investigaciones en el campo intelectual de la educación y la pedagogía. Desde la edición 101 hasta la 140, la Revista Educación y Cultura ha estado abierta a esta corriente de pensamiento y transformación del magisterio colombiano y las revistas de los Centros de Estudios e Investigaciones Docentes regionales-CEID son también un testimonio vivo de que están dadas las condiciones para la realización del III Congreso Pedagógico Nacional, que será la culminación de un proceso que comienza en las regiones, con talleres en cada municipio y que llegará a las mesas de trabajo junto con otras organizaciones sociales, para construir entre todos, esa visión de otra escuela y otros maestros que reclama el Movimiento Pedagógico.

Existe, entonces, un renovado interés por la sistematización de las experiencias alternativas de maestros y maestras en todos los campos de la pedagogía, la didáctica, la evaluación y el trabajo comunitario, con el fin de ponernos al día con los cambios de época frente a la globalización, la sociedad del conocimiento y las nuevas tecnologías. Abrir paso a los nuevos actores desde el Estatuto Docente 1278 y articularlos con un gesto ético de respeto y acogida al proyecto de la Federación, es también compromiso de lucha por un estatuto de la profesión docente, por una financiación adecuada y por la participación cada vez más activa y beligerante en el análisis y toma de decisiones de la política pública en educación.

Nunca como hoy los procesos de formación docente habían acumulado tanta producción investigativa en las Facultades de Educación y en las Escuelas Normales, pero también nunca como ahora la ofensiva neoliberal había penetrado de manera tan irrespetuosa y controladora en la vida de los maestros y de las instituciones escolares. Es urgente tomar un segundo aire y reconocernos colectivamente en la reflexión sobre nuestra práctica pedagógica y en la organización sindical para hacer valer nuestros derechos y enfrentar con inteligencia y dignidad el abuso mediático en la estigmatización de nuestra profesión. El Ministerio de Educación solamente tiene en cuenta a los maestros para exigirles cumplimiento de estándares e indicadores de calidad, pero los invisibiliza cuando se trata de construir política pública en educación; y es por esto por lo que ya es hora de presionar como sujeto colectivo los cambios que requiere nuestra sociedad, sacando lo mejor de nuestras experiencias y ponerlas junto a los movimientos sociales que se avecinan.

La pandemia no puede ser la disculpa para reducir el presupuesto, dilatar las negociaciones y culpabilizar al magisterio. La lucha contra el coronavirus solo puede librarse junto con la lucha por una mejor educación que financie mejores condiciones para su ejercicio. Se precisa una educación para el pensamiento que es la que toma de distancia de los lugares comunes de la ideología del gobierno de turno y nos hace sospechar que el problema no se reduce solamente a datos estadísticos sobre vacunas y a la búsqueda de la inmunidad de rebaño.

La lucha por la vida es también la lucha por las condiciones para una vida digna que solo es posible a través de la educación, es esta la relación inevitable entre pedagogía y política. La pobreza es una amenaza mayor que el virus.

William Henry Velandia
Presidente de FECODE