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CARTA DEL DIRECTOR

La unión de la dirección y las bases:

una fórmula exitosa en la defensa de la educación pública y su financiación

Con ánimo reposado y espíritu analítico, ya es tiempo de pensar el significado y sentido del Paro Nacional del Magisterio. Ubicarlo en el contexto social, económico y político del país y valorarlo en todas sus dimensiones.

En este número de la revista acudimos a nuestro Comité Ejecutivo y a reconocidos intelectuales, así como a responsables y colaboradores del CEID para elaborar un espejo que nos permita mirarnos como actores sociales y políticos sin renunciar a nuestra condición de pedagogos o quizás porque esta condición tiene una dimensión ética y política que emerge cuando se trata de reivindicar un bien público, como es la educación.

En estos análisis, ubicados en el campo de la comprensión, superando la simple narración de los hechos y anécdotas y poniéndonos en la vía del pensamiento crítico, se reconoce el Paro Nacional como un acontecimiento histórico, vale decir como la confluencia en el tiempo y en el espacio de una complejidad de factores que lo hacen diferente y le dan una connotación específica desde el punto de vista de su sentido y significado.

Una lectura sintética del acontecimiento nos revela que la ciudadanía y el magisterio devolvieron la confianza en la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación y que esta asumió con visión social la lucha por la financiación adecuada, ya no del salario de los maestros, sino de la educación como asunto público. En efecto la FECODE se hizo responsable de liderar las exigencias por la financiación de un bien que pertenece a todos los ciudadanos y que debe ser financiado por el estado con los recursos de quienes pagamos impuestos. Pero el magisterio y sus organizaciones municipales, departamentales y nacionales fueron más allá en el análisis y la argumentación para denunciar una reforma educativa que justifica la desfinanciación y se abre a la privatización, mediante dispositivos de control y evaluación externa. También exigió la participación de  la Federación en las instancias donde se decide la política educativa y su direccionamiento.

Nos hicimos oír del país, que reconoció y apoyó nuestras peticiones que eran también las del pueblo y quebramos la línea férrea del gobierno que alegaba asfixia presupuestal. Abrimos otra vez el debate sobre los puntos álgidos de la reforma educativa y ratificamos la validez de nuestras luchas por la dignidad del magisterio y la defensa de la educación pública. Dos aspectos notorios fueron: el liderazgo del movimiento social compartido en las regiones, en las subdirecciones, en los equipos y a nivel de la Junta Nacional y el Comité Ejecutivo, este gesto de unidad, que también se notó entre maestros del 2277 y del 1278, dieron razones para que los medios de comunicación, desde el Comité de Prensa de Fecode, con boletines permanentes, los periódicos regionales, los programas de radio, hasta las grandes cadenas de radio y televisión, y las redes sociales, consolidaran un mensaje rotundo a la ciudadanía sobre lo justo del paro. Desde aquí agradecemos a todos este gesto de solidaridad.

Gracias a todos los que hicieron posible pasar de la consigna al acontecimiento social y político, con creatividad, compromiso, imaginación, uso de redes, música, arte, movimiento, denuncia internacional, lúdica, estética, regada por todos los rincones del territorio nacional, sin distinciones ni jerarquías, con unidad y fuerza.

Nos queda ahora una gran responsabilidad en la construcción y mantenimiento de esta “política de lo popular”, en las regiones y en el nivel central, dando ejemplo de unidad y fuerza, de creatividad y de inteligencia, abriendo el debate a la comunidad educativa, articulando nuestros derechos a una escuela como territorio de paz y manteniendo ese liderazgo colectivo, respetando las diferencias pero construyendo juntos. En esto somos claros: hay unidad entre los dirigentes y entre la dirección y las bases, porque esta es la primera condición para presionar con el movimiento social, el cumplimiento de los acuerdos y consolidarnos como la mayor fuerza gremial del país. Ya es hora de ir pensando en un frente social por la financiación adecuada de la educación por medio de una reforma constitucional que devuelva al sector las garantías para su funcionamiento con cobertura y calidad.

En la lucha nos hicimos más fuertes, en la lucha nos encontramos como hermanos y en la lucha continuaremos nuestro proyecto pedagógico, cultural y político para construir movimiento pedagógico, plural, participativo y democrático.

 

Carlos Enrique Rivas Segura

Presidente de FECODE