TITULO REV 125

 

 

CARTA DEL DIRECTOR

Ahora que estamos a pocos días de la elección presidencial en nuestro país, bien vale la pena que nos detengamos un poco en reflexionar sobre la forma como concretamos nuestra participación en procesos electorales que afectan, de manera importante, nuestros intereses. En Colombia, desde la segunda mitad del siglo XIX, podríamos hablar de la existencia de dos partidos: el liberal y el conservador. La emergencia de los socialistas o comunistas, ya por los años 30 del siglo XX, no alcanzó para cambiar el pulso que ha caracterizado desde entonces la disputa por el control del Estado, aun cuando en las últimas contiendas electorales, ya en el marco de la Constitución del 91, aparecen otras opciones disputándose el favor de los electores.

Pero, vale preguntarse: ¿qué es eso de conservatismo? Y ¿qué es liberalismo? O, dicho de otro modo, ¿qué es lo que hace la diferencia en el marco teórico de estas organizaciones partidarias que, todavía hoy, se reclaman, prioritariamente, el favor de los electores? Teóricamente, el liberalismo debería ser leído como el partido de la libertad. Liberal es aquel que no resulta muy amigo de las restricciones sin fundamento o con un fundamento insuficiente, lo que trasladado a la práctica significa que se puede hacer todo lo que no contradiga el marco legal establecido o, dicho de otro modo, todo lo que no esté prohibido.

Siguiendo ese principio como máxima, los economistas liberales están siempre explorando nuevas posibilidades para el desarrollo del capitalismo y, ello supone, como resulta comprensible, buscar la maximización de la ganancia. Ese es el fundamento de la doctrina neoliberal que postula la acumulación o concentración de la riqueza como principio máximo del capitalismo.

Los conservadores, por su parte, son los defensores, por principio, del status quo y están interesados, como los reyes del medioevo, en el dominio sobre los bienes (la tierra principalmente) y las personas. Control del marco material y control del marco social. Los bienes y las personas como dadores de poder.

Así pues, que liberales y conservadores podrían discrepar e, incluso, disputarse a tiros los dominios perseguidos, pero, sin estar en desacuerdo con el marco legal que les permitiría ir hasta allí y estar dispuestos, como ha sido evidente, a concederse mutuamente, como ocurrió, en el mal llamado Frente Nacional y, recientemente, en las posiciones que se asumieron frente al proceso de Paz. Y esto, porque ya no solamente los conservadores quieren la tierra como factor de poder y no solamente los liberales, miran con avidez, el planteamiento neoliberal.

Pero, ¿podrían esos mismos liberales y conservadores, ya vistos como trabajadores y patronos darse esa licencia? Por supuesto que no. El marco legal de la relación patrón – trabajador, no admite, en el capitalismo, sino, una relación de confrontación, porque lo que ha de ser ganancia para el capitalista por encima de una cota razonable de utilidad, será irremediablemente, exacción para el trabajador ya que, lo que se traduce en ganancia no es la simple transformación de la materia prima en producto, sino el trabajo puesto en ello, por el trabajador. Entendido esto, se hace inevitable mantener el pulso, por lo cual el patrón siempre estará buscando como debilitar o reducir la fuerza y la calidad de la fuerza, que el trabajador pueda poner en el proceso productivo.

Vale preguntarnos si existe alguna diferencia de los liberales y los conservadores que son patronos con respecto a los liberales y los conservadores que son sus trabajadores. Y, me anticiparía a responder: Por supuesto que sí, pero, no solamente en cuanto a lo que a unos y a otros corresponde de los producido, o sea, a la distribución de la ganancia; sino también, al marco legal que posibilita la exacción. Entonces, ¿en qué medida los partidos, como organizaciones que han de ser, representativas de los intereses de sus afiliados, pueden garantizarle igual respaldo tanto a patrones como a trabajadores? Podríamos responder que, solo en aquellos casos en los que no se produzca una colisión entre los intereses de los patronos y los de los trabajadores o, cuando se pueden establecer compensaciones o resarcimientos, o, cuando se acepta que unos intereses no comunes, pueden subordinarse a otros que sí lo son y/o resultan principalmente prioritarios para las partes.

En el proceso electoral que se está adelantando, como en los que han tenido lugar, es lo común, que trabajadores y patronos nos encontremos en los partidos o grupos, sin tener en cuenta el tipo de consideraciones que se anteponen; y después, cuando la política se materializa, principalmente los trabajadores, solemos sentirnos frustrados y/o engañados.

En el momento de escribir esta Carta, estoy deseando que ello no se repita, pero si así fuese, invitaría fraternalmente a todos y todas a reflexionar y debatir sobre el por qué se escinden nuestras vidas en el que hacer de la política, pretendiendo ser, al mismo tiempo, trabajadores y patronos.

Si asumiésemos la Pedagogía como una trinchera para resistir la ofensiva neoliberal, podríamos encontrar respuesta a la reflexión sugerida y, quizás también, las pistas para hacer desde la Escuela, una resistencia más efectiva a la super-explotación que caracteriza el mundo en que vivimos.

 

Carlos Enrique Rivas Segura

Presidente de FECODE