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¿Qué significa pensar

críticamente la educación?

En ese contexto, el pensar crítico es la aventura de reconocer que la educación no es un hecho técnico, sino que por el contrario es un acontecimiento ligado a la experiencia humana, y por tanto, es social, histórico, económico y político.

Y por eso, está relacionado con las condiciones materiales del momento histórico en el que se produce. Denunciar el neoliberalismo es parte de esta pugna. El neoliberalismo se encubre con fachadas técnicas, y por ende, absolutas. En esa medida, el neoliberalismo concibe la educación como un hecho rígido, preciso, eficaz., medible y controlable por medio de estándares, indicadores, índices y un cúmulo de recetas que se suponen exactas e incuestionables.

Esto también tiene otra implicación frente a la verdad. Para el neoliberalismo la educación está hecha de recetas infalibles. Y la educación, por estar constituida directamente por lo humano, no es totalmente predecible, no es un hecho que pueda reducir la experiencia a recetas, es un fenómeno social, hecho de la nudosa madera con que está hecha todo lo humano, madera que además no es moldeable sino sinuosa y entrecruzada con una red de relaciones indeterminada, incierta, incompleta inacabada que se va tejiendo en los meandros zigzagueantes del complejo tejido social, en las cuales, la verdad es provisional y atada a las determinaciones de poder que la produce. Verdades como eficacia, eficiencia, competencia, desempeño, no son más que ejercicios de poder para fabricar al individuo de la competencia y la sociedad del rendimiento que el neoliberalismo del mercado le impone como dogma a la educación.

En ese contexto, la educación regida por los dogmas del mercado, además de sus poderes para configurarse como destructores de humanidad por su capacidad de cosificar lo humano reduciéndolo en recetas, formulas técnicas de planificación, procedimientos totalitarios de estandarización, logros y resultados, que desconocen a los sujetos, también han pretendido domesticar el concepto de lo critico. Domesticar es someter a una relación de dependencia, y en esa medida, han elaborado el término de “lectura crítica”, para subordinar la lectura a una acción estrictamente funcionalista y mecánica. Es entonces, una lectura crítica domesticada. Según el  neoliberalismo, leer críticamente es leer para interpretar. En esa medida, la educación necesita hacer una crítica a la crítica, para tomar distancia de esa crítica domesticada, de servidumbre, y reconocer que el pensamiento crítico es una lectura política, es la lectura del mundo, de la visión del mundo dominante y su lucha contra ella para vislumbrar otro mundo posible.

Haciendo una paráfrasis a una expresión de Estanislao Zuleta sobre la filosofía, la asumimos también para el pensamiento crítico: la crítica, como la filosofía, en estos tiempos de neoliberalismo, tiene que asumirse combatida y afirmarse combatiente.