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La salud mental docente

como enfermedad profesional

9DIC2018 art 3Cuando se habla de calidad en la educación, es imprescindible analizar el rol del docente desde sus pensamientos, sentimientos y necesidades. Este artículo da cuenta de cómo los elementos contextuales han afectado la salud mental de los maestros, tanto que lo han convertido en un tema trascendental en América, ya que países como Canadá, España, Perú, Chile y Colombia han identificado la salud mental como un proceso integrador inherente al ser humano en el cual el colegio como lugar de trabajo, sus elementos internos y externos, generan una gran presión y, en ocasiones, malestar; igualmente las reformas que proponen los gobiernos, siguiendo intereses particulares y sugerencias de los organismos internacionales, también causan molestias visibles en el docente, por lo que se ha detectado la necesidad de generar acciones preventivas que mejoren la calidad de vida de los maestros; además, se exalta la importancia de conocer la legislación con respecto a las enfermedades laborales docentes.

 

“El profe incapacitado por estrés”

 

Esta es una realidad que ha venido siendo investigada en diferentes países. En Colombia, el desgaste profesional y el malestar docente desde y hacia su tarea ha sido una problemática que aumenta con los años, ya que el estrés de los maestros ha reaccionado a los cambios a lo largo de la historia y a los procesos de globalización, los cuales han llevado al docente a asumir roles que antes eran responsabilidad de otros, como la participación activa de los padres en el proceso escolar.

Hoy las familias están integradas por miembros por fuera de la agrupación nuclear, por lo que en muchos casos, la responsabilidad educativa recae sobre la escuela, porque falta comunicación asertiva en el hogar, lo cual expone a los estudiantes a inminentes riesgos como la drogadicción, las pandillas y la violencia entre pares.

En este escenario, es el docente quien debe identificar las problemáticas, hacerles seguimiento, enseñar valores y ser subjetivo entre la objetividad del proceso educativo, como lo señala Esteve (1994). El docente debe mantener un equilibrio mental en todas sus dimensiones personales para dar un rendimiento completo de calidad en el aula de clase, lo que implica que su hogar, su proyección como profesional, su vida material, su autoestima y su espiritualidad deben producir un gran rendimiento para no ahogarse en el aula de clase.

Infortunadamente, hoy los maestros asumen los episodios de estrés como algo natural y, según diferentes investigadores (Vives, 2005; Andrade y Gómez, 2008), los docentes se encuentran en constante riesgo de padecer enfermedades mentales, y lo más preocupante es que existe un desconocimiento de enfermedades profesionales y una evidente falta de prevención por parte de los empleadores de los docentes. Díaz – Granados, Gonzáles y Jaramillo (2006) concuerdan en que “Los maestros se están enloqueciendo porque las exigencias implementadas por la ley 715 de 2001 son tantas y tan desproporcionadas, que los docentes ya no dan abasto con tantas demandas”.