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Sentir y pensar la historia

11NOV art 3La experiencia como camino de saber fue permutada en Francis Bacon (1561- 1626) por el experimento, esto es, la búsqueda de la verdad, unívoca, de lo cierto. Para ello, recurre a verificar lo experimentado por medio de la repetición del método (el paso a paso) aplicado. El experimento y el método cuentan con formas de comunicación que se caracterizan por ser impersonales, objetivas, a diferencia, la experiencia, implica formas de comunicación que involucran a los sujetos, es personal, no privilegian lo objetivo, y una de esas formas es el relato.

El propósito de quienes experimentaban, era explicar lo observado de acuerdo con unas leyes consideradas naturales, y esta acción demanda que cualquier sujeto pueda reproducir el experimento; diferente de la experiencia humana, la cual no se puede reproducir, se puede contar, relatar. El experimento es la entrada al “método científico”, con el cual es válido y confiable el conocimiento producido. En el experimento “el método cumplía una función análoga a la del Espíritu Santo en el catolicismo, pues identificaba la fuente oculta de la legitimidad de una tradición.” (Jay, 2009, p. 44) Es decir, el experimento implica el método, en sí, y por tal razón garantiza que cualquier versado en ciencia reproduzca lo que se ha experimentado.

Hans-Georg Gadamer lo coloca en los siguientes términos:

En esto la ciencia moderna no hace sino continuar con sus propios métodos, lo que de un modo u otro es siempre objetivo de cualquier experiencia. Una experiencia sólo es válida en la medida en que se confirma; en este sentido su dignidad reposa por principio en su reproducibilidad. Pero esto significa, que por su propia esencia la experiencia cancela en sí misma su propia historia y la deja desconectada. Esto vale desde luego para la experiencia cotidiana, y en tanta mayor medida para cualquier organización científica de la misma. (Gadamer, 1993, p. 215)

El lugar privilegiado del experimento es la universidad, en la cual se ubican escenarios para realizarlos y transmitir sus resultados. La universidad es el lugar para formar experimentadores. Bacon en la Nueva Atlántida, inspiró la fundación de academias científicas acordes con La Casa de Salomón, lugar cuya “misión consistiría únicamente en traernos informes del estado y asuntos de los países que se les señalaba, sobre todo de las ciencias, artes, fabricaciones, inventos y descubrimientos de todo el mundo.” La Casa de Salomón o lugares de experimento se instituyen “para el estudio de la verdadera naturaleza de todas las cosas, y para que Dios recibiera mayor gloria en sus obras y los hombres, más fruto en el empleo de ellas” (Bacon, 2017, p. 37).

El sujeto que se forma a través del experimento-método, en las casas de Salomón, es un sujeto epistemológico y psicológico despersonalizado y trascendente; un sujeto que rebasa al ser humano de carne y hueso, el cual es finito. Este sujeto epistemológico es encarnado por la comunidad de científicos que prolongan el ciclo vital humano, más allá de la finitud de la experiencia de un individuo. La muerte de un individuo (un científico) no es obstáculo para el conocimiento, porque este se acumula, y requiere de una comunidad que lo preserve, lo enriquezca y lo profundice.

Experiencia y experimento, una dupla que implicó hondas discusiones entre seguidores de una u otra categoría. Cada una camina con un método, esto es, unas reglas de juego que son soporte de las conclusiones que de él se derivan. Los debates sobre experiencia y experimento, y sus diferentes vertientes, continuaron y no han cesado, entre Bacon y Kant (1724-1804); Hume (1711-1776) y Kant; Kant y Schleiermacher (1768-1834) Hegel (1770-1831) terciaría en la discusión. Seguirían Dilthey (1833-1911), los marxistas británicos versus Althusser (1918-1990). En cualquier caso, podremos encontrar como lectores, sólidos argumentos de uno u otro lado para defender la idoneidad de sus conclusiones producto del uso o la aplicación del experimento o la experiencia.