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Modelos pedagógicos:

Orientaciones más allá de las prescripciones teóricas

06062018 art3Como se ha señalado, la acción educativa incluye una serie de categorías que confluyen e influyen en la práctica pedagógica del maestro. Una de estas es el modelo pedagógico que, como lo señala Tamayo (2010), “es pues, una carta de navegación, un mapa, una maqueta, cuyos elementos estructurados de una determinada manera dan cuenta o representan un estado de cosas que permiten comprender e interpretar la complejidad de la práctica docente”. El modelo pedagógico orienta la actividad del docente en cuanto a las formas de abordar la enseñanza, los procesos de evaluación, la relación maestro- alumno, las metas de aprendizaje, la noción de sujeto, entre otras, y permite identificar la forma de actuación del docente en los escenarios escolares. En suma un modelo es un acto creativo, lógico y pedagógico que nos brinda una visión acotada de la complejidad de las prácticas de enseñanza relievando los elementos que permiten construir sentido y significado sobre esas mismas prácticas” (Tamayo, 2010, p.2).

Sin embargo, la visión de modelo pedagógico muchas veces se reduce a un operativismo de la teoría, que a modo de recetario origina una sensación de que las cosas están pensadas para que cualquier individuo lo pueda realizar, presunción que desconoce la complejidad del ejercicio. Por ello, Rafael Porlán en su libro Constructivismo y Escuela: hacia un modelo de enseñanza- aprendizaje basado en la investigación (1995) invita a un análisis cuidadoso del qué y el cómo enseñar, y el qué y el para qué evaluar, factores que merecen ser tratados más allá de la receta y lo operario. Como recuerda de nuevo Tamayo, “por práctica docente o enseñanza entendemos aquí, no el simple hecho de transmitir contenidos sino un acontecimiento complejo o categoría para su análisis como vía al pensamiento” (Martínez Boom. Citado por Tamayo, 2010, p.2). Además, muchos docentes no tienen clara la concepción del modelo pedagógico; este tiene tantas variaciones que las reflexiones requieren identificar y describir tal diversidad. Por lo tanto, y con el fin de brindar una base teórica que respalde el posicionamiento pedagógico de un maestro, me permito hacer un recorrido sobre algunas de las concepciones del modelo pedagógico han influido la práctica docente en nuestro país.

El profesor Rafael Flórez (1994) expresa “que los modelos son categorías descriptivas, auxiliares para la estructuración teórica de la pedagogía, pero que sólo adquieren sentido contextualizados históricamente” (p.154). De esta manera, señala el papel protagónico de la modelación como factor principal en la construcción de representaciones estructuradas que viabilicen los procedimientos de enseñanza, es decir, todo lo relacionado con “metas, métodos, contenidos, idea de desarrollo humano” (Tamayo, 2010, p.2), lo cual implica orientar los modelos hacia un quehacer normativo, que privilegie el moldeamiento de los actores incluidos desde esta perspectiva.

Desde este referente, el profesor Flórez identifica seis vertientes pedagógicas: la primera, denominada por el autor modelo tradicional, que se caracteriza por una obsesiva necesidad de educar con base en normas y reglas rígidas (disciplina). Según Tamayo, este modelo “insiste en la formación en la virtud, el cultivo de las facultades del alma y la formación del carácter a través de oír, ver observar y repetir en un ritual academicista”. Considera al sujeto (educando) como un receptor pasivo y al maestro como el garante de mantener el orden, como el depositario del saber y por lo tanto como alguien metódico, ordenado, exigente, rígido y autoritario. Es él quien elige contenidos, controla, vigila y disciplina, se convierte en el modelo a seguir y constituye el perfil del estudiante.