titulorevista128


 

Educar para la Emancipación

Borradores para una praxis crítica desde el sur

9DIC2018 art 4Partimos de reconocer que hoy se requiere resistir a las formas de opresión, exclusión y marginación social a que está sometida hoy la sociedad; esto exige asumirse en oposición a las formas de mercantilización que atraviesan y gobiernan la vida de los sujetos y naturalizan su explotación. Ante estas realidades, se hace necesario adoptar una actitud de resistencia y rebeldía y trabajar colectivamente tanto en la identificación y comprensión de las condiciones de marginación, como en

la construcción de alternativas viables y posibles que avizoren otros mundos posibles.

Construcción que exige, entre otras acciones, contribuir a la formación de sujetos políticos con capacidad de acciones conscientes y emancipadoras que, en oposición radical a las condiciones de empobrecimiento, exclusión, explotación y marginación, propias del capitalismo, se articulen a las luchas antidesarrollistas y anticapitalistas que promueven algunas instituciones, organizaciones sociales, otros actores y sectores.

Entre estas instituciones cabe la escuela y las diferentes formas de educación, cualquiera que sea su modalidad o nivel, se convierten en territorios emancipatorios potentes para ese trazado de iniciativas. Enseñar a pensar críticamente, enseñar a transformar las realidades sociales, es una de sus responsabilidades, pero no como tarea específica de una asignatura, más bien como enfoque o perspectiva que asuma todo educador en su vida cotidiana, en y desde sus prácticas pedagógicas, en y desde sus escenarios de actuación y de militancia.

¿Por qué apostar por una praxis emancipatoria?

La tesis que orienta este apartado se concreta en el siguiente enunciado: se requiere resistir a las formas de opresión, exclusión y marginación social a que está sometida hoy la sociedad; esto exige asumirse en oposición a las formas de mercantilización que atraviesan y gobiernan la vida de los sujetos y naturalizan su explotación.

Después de casi tres décadas de denuncia sobre los efectos perversos de las reformas educativas, de la cooptación de la escuela y de los sistemas educativos por la racionalidad económica con todas sus lógicas instrumentales y mercantiles, es reiterativo plantear que la economía de mercado traducida en modelos, como el de “capital humano”, sostenidos en estándares, competencias, estrategias de evaluación y control, han reorientado el trabajo de las escuelas y de los maestros, hacia los intereses de la economía y de los organismos internacionales para la formación del individuo-empresa.