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Historia del día del maestro en Colombia

24012019 art.4La Asociación de Institutores de Antioquia (ADIDA) recibe su Personería Jurídica el 15 de noviembre de 1951 y, desde la instancia sindical y su práctica respectiva, los dirigentes gremiales institucionalizan lo que ya había establecido el gobierno. Durante muchos años hubo una sola celebración del día del maestro, en la que los gobernantes hacían alarde de su retórica se imponían las condecoraciones. En Antioquia, estas son: la medalla cívica, Presbítero Miguel Giraldo Salazar, (fundador de las escuelas eucarísticas), regulada por el Decreto N° 592 de 1952 y el premio Monseñor Francisco Cristóbal Toro promulgado por la ordenanza N° 22 de 1943.

En algunos años la dirigencia sindical se apartó de estas celebraciones, ya negándose a asistir oficialmente a ellas, o realizando sus propios eventos. Desde hace algún tiempo estas menciones honoríficas se han complementado con estímulos económicos, equivalentes a meses de salario lo que ha suscitado la rapiña burocrático- política para obtenerlas. Por su parte, las administraciones de Antioquia y Medellín, bajo la dirigencia de Sergio Fajardo Valderrama y Aníbal Gaviria C., constituyeron la alianza AMA (Alianza Medellín Antioquia), desde la cual han reconocido a instituciones y maestros con estímulos de todo tipo, en particular con el reconocimiento de “Maestros para la vida”.

No hay una fecha conmemorativa del trabajo del maestro salida del interior del gremio, de ahí que se participe como actores subalternos, el 15 de mayo o el 11 de septiembre. Personalmente presenté en el Congreso Pedagógico de Fecode en Bucaramanga en 1982, la proposición de que desde el Magisterio se celebrara el día del maestro en el mes de marzo, fecha constitutiva de la Federación (25 de marzo de 1959). La solicitud fue aprobada, lo cual consta en el folleto de conclusiones del evento. Ahora bien, el objetivo de la celebración —que puede ser enaltecer al maestro como apóstol o realzar la idea de que “Luchando, también está educando” — puede pasar a un segundo plano, si no tomamos la fecha como lo importante y reflexionamos mejor con Federico García Posada, “(...) esto de ser maestro es pues un asunto eminentemente ético: demanda una relación de plenitud con un saber” y con el otro (García, 1969, p. 65).

Dentro de la pluralidad de eventos conmemorativos de esta fecha, e independientemente de nuestra voluntad, coexistirían las celebraciones oficiales, las sindicales, las privadas, las de cada institución educativa. Se seguirán mezclando los sentimientos de cariño, de respeto, de compasión, de solidaridad y de reconocimiento.

El gobierno, la iglesia, la familia, el sindicato, y el establecimiento educativo, continuarán empleando “el día del maestro”, como pretexto para la reflexión, la exaltación, el acto religioso, la demagogia, la lucha, el licor o el amor; pero lo realmente valioso, significativo y trascendente “es ser autónomos, racionales, ser sujetos de nuestra historia y de nuestra acción pedagógica y educativa (Zuleta, 1990, p. 40). Esto es válido, más que para definir “el día”, para determinar su existencia, su ser maestro, su condición de trabajador de la cultura y de ciudadano.