FECODE: SESENTA AÑOS

SUPERANDO TODO TIPO

DE OBSTÁCULOS

26012020 art2La presencia de Fecode en todo el territorio de la sociedad colombiana es un logro que ha comprometido tres generaciones del magisterio. En los años finales de la década del cincuenta, se inició ese proceso. El 24 de marzo de 1959 el presidente Alberto Lleras Camargo saluda el nacimiento de la organización sindical. Este acontecimiento estuvo precedido, a su vez, de iniciativas previas que se remontaban a principios del Siglo XX.

En ese momento se estaba dando en Suramérica y en Centroamérica el cierre de un ciclo político y cultural donde predominó el ejercicio dictatorial del gobierno. La caída en Cuba del dictador Fulgencio Batista el primero de enero de 1959, representó el punto culminante de esa experiencia continental.

La ciudadanía en Colombia había iniciado su propia experiencia de superación de la dictadura. Alberto Lleras Camargo era el primer presidente del experimento del Frente Nacional pensado como un acuerdo del partido liberal y conservador para superar las secuelas de la violencia y de la dictadura del General Rojas Pinilla.

Esas eran, aquí sumariamente indicadas, las condiciones político culturales de la constitución de Fecode. Existía una gran expectativa de cambio y de renovación pero, así mismo, posiciones críticas respecto a la voluntad de realizar ese propósito. En el libro La Revolución Invisible publicado en el mismo mes del nacimiento de la organización, Jorge Gaitán Durán director de la revista Mito, advirtió sobre las débiles premisas que sostenían el acuerdo del Frente Nacional.

Pero esas advertencias también pesaban en la conciencia de quienes eran los artífices y los beneficiarios de ese acuerdo. Es el caso del presidente mismo: Alberto Lleras Camargo. En un discurso, el 11 de septiembre de 1959, en el Hotel Tequendama al referirse a la administración pública y la cuestión educativa sostuvo lo siguiente: “La impresión inevitable que promueve en el ánimo la administración pública en Colombia, y dentro de ella no puede excluirse la administración de la rama educativa, es la de una gran burocratización prematura, de una vejez y un cansancio que no corresponde ni a nuestra edad como nación ni al tiempo que llevan los funcionarios en una carrera llena de accidentes y cambios.”1

Asumida esa pesimista caracterización, el presidente, proponía la experiencia de la revolución como paradigma: “En las grandes y auténticas revoluciones cualquiera es capaz de ser matasellos en una oficina de correos con la trepidante emoción de estar contribuyendo a algo extraordinario, conmovedor, que repercute sobre la existencia de millones de seres.”

En ese orden conceptual planteaba que la tarea del maestro si no tenía un horizonte de ese tipo se habría de convertir en un ejercicio vano, decía “Pero si éste falta, el educador, el maestro de escuela rural, o profesor universitario, se limitan a cumplir la misión prescrita por los formularios del gobierno, y tal vez a rogar, en la intimidad atribulada de su conciencia, que las mismas herramientas intelectuales que están repartiendo a destajo no vayan a causar mayores desastres.”2

El magisterio colombiano, efectivamente, iba a encontrar obstáculos incontables para adelantar las tareas propias de su profesión (formar las nuevas generaciones) y la organización sindical se convertiría en el recurso político cultural para enfrentarlos y superarlos. La primera gran movilización para abordar circunstancias tan hostiles sucedió en el año de 1966, durante el gobierno frentenacionalista del Carlos Lleras Restrepo 1966-1970).

Se cumplieron así, las premoniciones del presidente Alberto Lleras. El magisterio se encontró con una desidia impensable de las autoridades en la cuestión educativa. El caso del departamento del Magdalena se constituyó en expresión paradigmática de tal estado de abandono. El nombre que se le dio a la protesta sintetiza lo sucedido: La Marcha del Hambre. Bajo la dirección de Fecode y en cabeza de su presidente Adalberto Carvajal, se organizó desde Santa Marta una marcha hasta la ciudad de Bogotá para denunciar el sinsentido de la situación existente. No fue la Marcha del Hambre un acontecimiento aislado. El experimento del Frente Nacional se convirtió en un lastre para la sociedad en su conjunto. En las elecciones de 1970 el rechazo de la ciudadanía se expresó en el respaldo a la candidatura del antiguo dictador: el general Gustavo Rojas Pinilla quien el 19 de abril de 1970 ganó las elecciones.

La elite liberal conservadora tuvo que organizar un fraude y durante la década del 70 y el 80 el régimen político funcionó penosamente hasta que colapsó en 1990. En ese lapso de dos décadas la política educativa tuvo un desarrollo específico. La necesidad de superar las inercias denunciadas por Alberto Lleras Camargo, llevó a la élite a asumir un proyecto continental ideado por los norteamericanos.

El proyecto de Tecnología Educativa de la Organización de Estados Americanos (OEA). La idea fuerza que orientó el proyecto fue el de neutralizar la actividad magisterial de enseñar y formar y sustituirla por una acción operativa: administrar el currículo.

El magisterio desde Fecode enfrentó ese proyecto con dos ideas fuerzas. La primera fue la defensa de la profesión docente y la postulación de un estatuto regulador de la misma. En el año de 1979 se expidió el decreto 2277 que creó El Estatuto Docente. La segunda fue la creación del Movimiento Pedagógico en el año de 1982 en el Congreso de Fecode en la ciudad de Bucaramanga.

Estas dos iniciativas de Fecode que se realizaron durante la presidencia de Abel Rodríguez, crearon unas nuevas premisas para la actividad del magisterio que alcanzaron una primera culminación en el Congreso Pedagógico de 1987.