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Las tensiones en la evaluación escolar:

una aproximación desde los actores educativos

24012019 art.5Son los docentes quienes a partir de sus saberes habituales y razonables están preparados para tomar decisiones en el aula de clase, que es un medio cambiante, y para reflexionar sobre las nuevas formas de interpretar los aprendizajes para, a partir de ello, generar nuevas formas de enseñar y evaluar (Álvarez, 2003) que respondan a las necesidades de la escuela y de los estudiantes. Por esta razón es necesario promover una evaluación más justa y formativa que supere la visión de la evaluación como calificación, que se contextualice dentro de los procesos de enseñanza-aprendizaje y, además, incluya diversas formas de evaluar de tal manera que las pruebas estandarizadas sean solo una manera de evaluar y puedan complementarse con los resultados de las evaluaciones de aula y con ello contribuir a cerrar las brechas sociales que se han acrecentado a partir de las pruebas de estado con las cuales se clasifica a los estudiantes y a las escuelas (García, Espinosa, Jiménez, & Parra, 2013).

Este tipo de pruebas reafirma la visión de la evaluación como instrumento que clasifica a las personas y a las instituciones por resultados estadísticos, constituyéndose en un elemento desarticulado del proceso de enseñanza-aprendizaje y que además aumenta las brechas sociales, por ejemplo, al acrecentar las diferencias entre lo público y lo privado y además generar mayor desigualdad en países como el nuestro, en donde los resultados en este tipo de pruebas determinan la cantidad de recursos que se invierten en las instituciones, aportando mayores recursos a aquellas que tienen mejores resultados y menos a aquellas con menores resultados acrecentando las desigualdades (Fernández, Alcaraz, & Sola, 2017).

Con el fin de ilustrar la incidencia de las pruebas externas en el ámbito de las instituciones educativas, en los siguientes apartados se describen las diferentes tensiones que se encontraron al analizar desde una postura crítica su implementación en la escuela.

El cambio de un paradigma tradicional a uno en el que la evaluación se considera un proceso ha generado cambios significativos en el sistema educativo, pero aún no se evidencian transformaciones considerables en cuanto al mejoramiento en la calidad educativa, ya que el proceso evaluativo arroja resultados que no se retroalimentan y la escuela se limita a cumplir con el ejercicio de responder adecuadamente pruebas y al cumplimiento formal de indicadores, fenómeno descrito por Francisco Miranda como el efecto de simulación. (Miranda, 2013).

De igual manera, las instituciones educativas, en su afán por cumplir con la reglamentación vigente y acoger los lineamientos del MEN, aplican este tipo de pruebas desconociendo su contexto cultural, social y político lo cual genera una ruptura entre los estudiantes, su entorno y el conocimiento: “…los fenómenos de desafiliación educativa, se refieren al proceso de desprendimiento y desenganche entre los jóvenes y la cultura académica escolar” (Miranda, 2013).

En este orden de ideas una evaluación descontextualizada y tradicional ha traído como consecuencias el efecto de simulación, la desafiliación educativa, la deserción escolar y también ha convertido el proceso evaluativo en una práctica estática, que no responde a la equidad y diversidad que se encuentra en las instituciones educativas y que además no plantea una retroalimentación para mejorar la didáctica y las metodologías de los maestros lo cual redundaría en beneficio del aprendizaje. Al hacer una mirada más profunda a las pruebas estandarizadas, y en general a las evaluaciones de este tipo que se aplican en el aula, es importante revisar aspectos como la validez, la confiabilidad y la objetividad. Esto con el fin de evitar que, por ejemplo, se evalúe diferente a como se enseña, se pregunten conceptos desconocidos por los estudiantes en las evaluaciones, que se incluyan habilidades que no se han trabajado en el aula, se utilice una sola manera de evaluar sin pensar en las múltiples maneras que hay de aprender, entre otros aspectos.

Es así como reflexionar en torno a esto permitiría diseñar evaluaciones más justas, objetivas y confiables (a grandes rasgos deberían incorporar diversas estrategias que permitan a las diferentes formas de aprendizaje hacerse visibles, proporcionar criterios establecidos que permitan evaluar bajo los mismos parámetros) (Foster & Rojas-Barahona, 2008).