60 AÑOS DE LA FEDERACIÓN COLOMBIANA

DE EDUCADORES:

APUNTES HISTÓRICOS DE LAS MOVILIZACIONES GREMIALES Y PEDAGÓGICAS

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Desde la década de los cincuenta, el magisterio fue víctima de la intimidación y la persecución propia de la violencia bipartidista y en varias regiones del país los maestros fueron uno de los actores políticos más azotados por las bandas paramilitares patrocinadas por el gobierno conservador. Sumado a ello, desde la política pública educativa, se propició una conservatización de la educación a través del sometimiento de los docentes al control ideológico de la iglesia católica, a la sujeción irrestricta de los docentes a los designios del establecimiento (Estado) y a la clientelización de la educación (en muchas regiones el nombramiento de los maestros oficiales dependía de su militancia o afecto con el Partido Conservador).

A pesar de este ambiente adverso, durante el Frente Nacional se aumentó el número de organizaciones sindicales del magisterio. El crecimiento del número de maestros (de 14000 a 19000, en el periodo 1945-1953), la agudización de las condiciones económicas de los mismos, la inestabilidad laboral, el apoyo a la iniciativa privada en la educación por parte de los gobiernos conservadores después de 1945 y la no nacionalización de la educación pública, pueden constituirse en las principales motivaciones para la organización y la movilización magisterial.

Llama la atención el contraste de lo ocurrido en el periodo del gobierno de Rojas Pinilla (en el cual sólo se constituyó el sindicato de la ADE) y el periodo frente nacionalista en donde se crearon 20 sindicatos, lo cual es entendible si se tiene en cuenta la extensión de las ideas de la izquierda política después del triunfo de la revolución cubana y del ambiente de exclusión del sistema político que, sin lugar a dudas, motivó la organización de escenarios alternativos de formación y discusión política.

Dentro del ambiente político que vivió la organización sindical del magisterio para consolidar la Federación en 1959, es fundamental el papel que jugaron las diferentes tendencias de la izquierda política que, a pesar de la exclusión oficial de la democracia frente nacionalista, sentó las bases para la proyección de la unidad sindical como una forma legítima de resistencia dentro de las escasas oportunidades políticas ofrecidas por el régimen.

Después de la fundación y fortalecimiento de FECODE, el proyecto sindical de los docentes se alineó con los sectores de izquierda, alejándose de la influencia del liberalismo que había estado presente desde la década de los años treinta. Para Delgado (2009) así como los sindicatos iniciales de la década

de los 30 cumplieron una labor apostólica, los de los años 60 adquirieron cierta independencia frente a los gobiernos nacionales.

Para Londoño, es en el agitado contexto de la década del 60 cuando la acción sindical del magisterio se consolidó, tanto a nivel gremial como en el ámbito de las movilizaciones sociales. Para esta autora, “la suspensión del trabajo adquirió nuevas connotaciones en el país. Los empleados de servicios públicos acudieron de manera recurrente a dicha táctica en búsqueda del derecho de negociación colectiva y huelga, y de mejores condiciones salariales y sociales. El 72% de los huelguistas laboraba en el magisterio, la administración pública, los hospitales y los puertos” (Londoño, 1998: 294).

Este incremento de la actividad huelguística en el sector de los servicios tuvo su respuesta en las medidas gubernamentales mediante las cuales se intentaba restringir las huelgas y dotar de facultades a las fuerzas armadas para hacer cumplir la normatividad y respetar el statu quo.

Además del protagonismo otorgado a los maestros en las movilizaciones sociales y sindicales, cuyo mayor ejemplo se encuentra en la Marcha del hambre adelantada por maestros del Magdalena en 1966 (Hernández, 2000), se ha señalado cómo desde finales de los 60 el magisterio empezó a participar en las acciones colectivas de otros sectores populares identificando su causa con la de ellos, lo cual resulta estratégico en la conformación de un movimiento social más sólido ya que los sistemas de alianzas son indispensables para que las organizaciones de los movimientos sociales puedan sobrevivir y ejercer alguna influencia política (Klandermans, 1992).