Frankenstein al calor de la lucha organizada.

Lecciones de un Paro

Hay un aforismo africano que declara: “Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador”. En esa lógica popular, este artículo es el rugido de uno de los trescientos mil félidos que participamos activamente en el excelso Paro Nacional del Magisterio de Colombia, entre mayo y junio del año 2017.

El artículo entonces es una invitación a leones y leonas a escribir sobre nuestras luchas, nuestras hazañas, nuestros dolores y nuestras prácticas pedagógicas y políticas, para enriquecer los debates y sacarlos del desierto de la visceralidad. El documento recoge algunas reflexiones acaecidas en el periplo del paro, publicadas en su momento y elaboradas por un equipo de maestros activos denominado Los Profes, coordinado por el suscriptor del artículo. La pretensión es que, además de servir de base para la discusión en las escuelas y organizaciones, le posibilite a las generaciones de relevo del magisterio conocer la historia para no repetirla, ni negarla. “La única manera de no repetir la historia es mantenerla viva”, sostenía Eduardo Galeano.

Con la reforma de los artículos 356 y 357 de la Constitución Política de Colombia, a través del Acto Legislativo 001 del 2001, el hoy premio Nobel de Paz, siendo ministro de Hacienda, fabricó un monstruo, como lo hizo el Dr Víctor Frankenstein, denominado Sistema General de Participaciones. La criatura estaba programada para vivir 15 años, luego de los cuales habría que modificar su genotipo y fenotipo.

El Dr Santos extrajo del cementerio de las políticas neoliberales los trozos de cadáver, para fabricar la tridimensional criatura: 58.5 % de su cuerpo era Educación, 24.5% Salud y 17% propósito general. En la siniestra noche del 21 de diciembre de 2001 el cirujano de las finanzas públicas, obnubilado por las luces navideñas y excitado por el ton tamborilero de la navidad, comete el imperdonable error de sancionar la Ley 715, cual Caja de Pandora, acarreadora de muchos males, verbi gracia los Decretos: 1278 (Estatuto de la Profesionalización Docente); 1850 (reglamentario de organización de la jornada laboral y escolar) hasta llegar a los más recientes: 490 , 501 y 915, la brecha de acceso, el déficit en la canasta educativa, la deuda histórica, el crecimiento de la pobreza, el desempleo, la ignorancia y la violencia, factores que han incidido necrófilamente en la ontología del Derecho a la Educación y todo lo que ello implica en cuanto a Accesibilidad, Adaptabilidad, Aceptabilidad, Asequibilidad, Permanencia y Calidad.

El magisterio fue testigo del horror del cirujano Santos, quien, a cambio de huir como Frankenstein, salió por una ventana del Congreso Nacional indicando la fatídica victoria.

A toda costa, los maestros, impedimos el engendro y el parto del espécimen, con un paro que nos costó lágrimas, descuentos, detenciones, amenazas y sangre. El monstruo, a diferencia de la obra de Mary Shelley, no estuvo abandonado; de una parte, por los “fines de lucro”- como diría Martha Nussbaum (2010)- fue menoscabado por el Fondo Monetario Internacional y la banca multilateral en más del 50% de la bolsa ($138 billones, $73 billones son de educación).

Over Dorado Cardona

Integrante del CE FECODE